13 de octubre de 2021
Cada cierto tiempo surgen términos que se ponen de moda. Son palabras sacadas desde algún rincón semi abandonado del lenguaje, que de pronto se utilizan una y otra vez en conversaciones contingentes, reflejando intereses y esfuerzos por iluminar y movilizar alguna causa. Como toda moda, son palabras que generan adhesiones y rechazos; “relato” es uno de esos términos.
La pandemia precipitó cambios que se venían incubando desde hace ya algún tiempo, pero que se discutían principalmente en ámbitos académicos y que, por lo mismo, constituían preocupaciones más bien marginales y distantes para la elite empresarial. Pero la crisis global ha despertado en la conciencia de gran parte de los líderes de instituciones tanto públicas como privadas, una suerte de “innovar o morir”, cambiando el carácter voluntario que se le reconocía a la innovación e instalándola con un sentido de urgencia y como un requisito para nuestra subsistencia. Resiliencia, creación de valor bajo nuevas premisas, adaptación darwiniana a una transformación profunda, urgente, multidimensional, de dimensión planetaria.
La tarea de nuestra especie no está fácil: Desde el ámbito social, estamos sumidos en un ambiente de polarización y desconfianza. Desde la perspectiva medioambiental, el llamado a cambiar hábitos y a poner nuestro voto de consumidor en favor de las empresas que garanticen un compromiso serio con la sostenibilidad es aún más perentorio y apremiante. A nivel de gobierno corporativo, el propósito mismo de las empresas y sus estrategias para generar crecimiento y prosperidad en el largo plazo, están siendo revisados con un interés y un compromiso difíciles de imaginar hasta hace apenas unos años. Hablamos de innovaciones sistémicas, de nuevos paradigmas que necesitan ser instalados y compartidos, de golpes de timón que van más allá de asumir costos financieros e implican disponibilidad para escuchar y compartir poder, bajo una remozada conciencia de que somos seres interdependientes y que el único futuro factible de la humanidad es uno basado en una economía de extrema colaboración.
Pero, incluso la mejor disposición para reinventarnos y hacer sentido en una era marcada por el cambio, no estará completa y no será exitosa si no sabemos comunicarla de manera clara, sincera y eficaz. Es aquí donde recuperamos la introducción de esta columna. De cara al futuro, innovar bien implica declarar -hacia dentro y hacia fuera de nuestras organizaciones- quién somos a partir de ahora y que debería hacernos dignos de valoración, de preferencia y de confianza. Necesitamos ser capaces de realizar en un acto de seducción sentido, valorable y sincero. La narración, ese cuento de lo que somos y de como queremos surgir en el escuchar de nuestros públicos, de cara al futuro, resulta fundamental; hoy en día es clave saber innovar en el relato.
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